Con el título Alrededor del deseo Begoña Egurbide presenta un conjunto de cinco videos con los que busca dar cuerpo a una distancia, a un vacío, a una carencia y a un deseo de posesión: nada es estático, sino que todo se mueve y se desliza en un estadio intersticial, en medio de la realidad y la ficción, lo inmaterial y lo material, y a caballo entre el deseo, la pulsión y su consumación. De ahí la presencia de distintos tiempos y de desdoblamientos en los protagonistas de sus videos, que se mueven entre lo que son, lo que hubieran deseado ser y lo que han sido. Como afirma Begoña Egurbide: “Nuestros cuerpos cambian, pero el niño que llevamos cada uno dentro está ahí, no renunciando a ser pasado y confraternizando con un presente que se proyecta constantemente en el futuro”.

 

En medio de este juego de temporalidades no sabemos cuál de los medios , el visual, el textual, el oral se impone por encima del otro, porque lo que tenemos delante de nuestros ojos no es sólo ni un conjunto de imágenes en movimiento activadas por la tecnología del vídeo, ni una ficción cinematográfica , ni tan siquiera un cuadro “expandido” sino un extraño género híbrido que comparte protagonismo igual por igual con la imagen fotográfica instantánea (imagen de instantes únicos y decisivos), la representación pictórica, la escenografía teatral, y la trama narrativa literaria y cinematográfica.

 

Ante las obras de Begoña Egurbide quizás se podría hablar de vídeos-poemas o videos-ensayos con una superposición de imágenes, de voces, de sonidos y narraciones. Casi como una continuidad de lo que eran sus cuadros de los años ochenta en los que bajo gruesas capas de materia y textura y escondidos entre imágenes de estrellas o distintos cuerpos geométricos, uno podía leer poemas, frases, palabras, en la mayoría de los casos crípticas y veladas. Y todo confiado al poder de la mirada: miradas cortas, miradas largas, acercamientos, alejamientos, juegos delante/detrás: de cerca el mundo y de lejos, el cuadro. El cuadro como un “palimsesto”, como una zona de difícil acceso, como también lo es el cerebro o el subconsciente.

 

Begoña Egurbide se siente a gusto merodeando por un territorio tan escurridizo como el subconsciente, una zona oculta que busca desvelarse y una fábrica en la que se generan los deseos. Producimos algo, parece sugerirnos Egurbide en clara alusión a las teorías de Gilles Deleuze, cuando deseamos . De ahí que el deseo siempre va unido a un movimiento, un movimiento espontáneo que nace ante el objeto deseable ( o deseado) y que desata sus propias estrategias: el deseo es el acto de disponer, de construir una disposición concatenada de elementos que forman un conjunto. El deseo , tal como Egurbide lo proyecta a sus videos, discurre dentro de una disposición o concatenación, en la que las imágenes negocian constantemente con los textos que tanto pueden adoptar un formato textual como verbal y sonoro.

 

Una voz susurrante que repite frases como “Te acaricio con los muslos” “Acaricia mis pechos”, con claras y no veladas connotaciones a un sexo que transita entre la inocencia y el idealismo de la infancia y la frustración de la madurez, constituye el rumor de fondo del vídeo La Habitación silenciosa en el que se superponen imágenes casi abstractas junto con imágenes domésticas a modo de “naturalezas muertas vivientes”, todo ello bajo un dominio de la geometría estructuradora del entorno.

 

El susurro, casi la voz artificial a mitad camino entre el hombre y la máquina, o la voz ficticiamente infantil constituye la “banda original” de otro video Macrocaricias Tokio (N.2). “Te echo tanto de menos” “¿Por qué no me contestas?” “¿Estás despierta?” y todo un conjunto de frases breves sacadas de mensajes SMS de móviles roban el protagonismo a unas potentes y sugerentes visiones interiores y exteriores de la ciudad de Tokio, la Tokio nocturna y silenciosa, visiones aéreas y encuadres apropiados del discurso cinematográfico, que en su grandiosidad y escala rozan el ámbito de lo estético y lo sublime.

 

La lechuga y el caracol es otro vídeo de corta duración en el que los saltos temporales ya aludidos y el paso de lo real a la ficción cobra todo su significado. Todo parece nacer de la intuición de un universal perdido para siempre en el seno materno, en el que la infancia , la juventud, la madurez y la vejez parecen manifestarse a pedazos en cualquier momento.

 

En Pandora , la artista habla de la manera no biológica en la que experimentamos nuestras vidas, donde de nuevo el deseo parece alimentar un imposible futuro, donde lo que sabemos está pendiente de ser vivido. La obra alude también a la memoria y aborda a través de dos protagonistas (una niña columpiándose y una adulta haciendo el amor) distintos niveles narrativos que generan los cambios que configuran nuestro mundo.

 

Quizás de todos los videos de Egurbide , el que por su concentración argumental, por su preciosismo y su simplicidad consigue trascender en mayor medida lo cotidiano para elevarlo a la categoría de símbolo es el titulado Las Horas. El encuentro ficticio entre dos cuerpos que responden a distintas temporalidades ( un rostro de una joven y atractiva y un torso de una mujer madura y entrada en carnes) nos habla de la juventud de nuestros deseos, la permanencia de nuestras intenciones y las emociones ante un cuerpo que nos abandona. Una nueva incursión a una profunda reflexión sobre la condición humana característica del trabajo de Egurbide que forma parte de su más amplia serie titulada Aprendizaje con la que lleva trabajando desde 2002 en la que aborda los distintos niveles narrativos que generan los cambios que configuran nuestro mundo.

 

Barcelona , 3 de febrero de 2008.

 © 2019 Begoña Egurbide

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